La feria no es solo un lugar, es un instante suspendido en el tiempo donde el arte y la pasión se encuentran. Es la celebración del movimiento, del carácter, de la identidad. Y cuando el baile y las castañuelas se unen, nace algo único: un lenguaje universal que invita a todos, sin importar de dónde vengan, a sentir la belleza de lo auténtico.
Lo más bonito ocurre en los márgenes del baile, donde el tiempo parece detenerse en los ojos de los abuelos. Sus sonrisas, suaves y llenas de historia, iluminan con ternura que no necesita aplausos. En ellas vive el recuerdo de ferias pasadas, de pasos aprendidos en su juventud, de castañuelas que un día también sonaron en sus manos. Miran con orgullo, con nostalgia y con amor, como si cada giro de los más jóvenes fuera una promesa de que la tradición nunca se pierde.
En el hogar madre de dios ya estamos disfrutando de la feria de abril y que mejor forma para celebrarlo que con una actuación de las sevillanas.
No faltó el baile, las risas, los grandes oles y los aplausos de nuestros abuelos que lo viven todo con gran emoción ![]()



